LOS ENÓLOGOS NOS ESCRIBIERON

el . Publicado en Vinos

“Es la sensación de ir descubriendo las cualidades y características de los miles y miles de sabores y aromas presentes en cada cepa…, que son tan distintas entre una y otra. Están los blancos, Sauvignon Blanc, con frutas más tropicales, y el Chardonnay, con fruta más madura…Los tintos, que puedes ir descubriendo su desarrollo según su guarda. Otra sensación que me produce felicidad es la complementación con la comida, que hace que ésta mejore aún más acompañada de un buen vino…y buena conversación”

Hernán Gras, presidente y enólogo de viña MontGras, Chile.

“El vino, como los grandes placeres en la vida a excepción del sexo, es un gusto adquirido. Uno no trae genéticamente impresa la capacidad de disfrutar de él. Por lo tanto, describir las sensaciones placenteras que el vino proporciona a un neófilo sería casi como explicarle a un niño de tres años lo exquisito que es un caviar. Pero una vez que se conoce el vino, y se le entiende, se comienza a disfrutar de su color, fragancia y sabor característico de cada variedad, del lugar y la forma en que la uva fue cultivada y, por último, de la técnica con que ese dulce jugo fue transformado en vino.

El disfrutar del vino demanda sensualidad, vale decir, disfrutar de la excitación de los sentidos. Pienso que a las personas sensuales no es necesario describirles o explicarles sensaciones placenteras, ellas quieren y deben vivirlas.

Finalmente, ¿Qué puede ser más placentero que una mujer buenamoza con unas copas de buen vino en el cuerpo? Ahora, si el que tiene las copas en el cuerpo es uno, ni siquiera es necesario que la mujer sea tan buenamoza.”

Santiago Margozzini, enólogo Viña MontGras, Chile.

“Una copa de larga pierna, alma transparente, vientre fecundo y curvas formas, no sólo es seductora, sino que los ilumina y encamina al placer sensual. Luego, con el vino en su interior profundo, descubrimos sus colores ocultos, que repentinamente se liberan al bailar al compás de nuestra música y agitación.

El vino baila y canta sus infinitos aromas y a cada paso, a cada giro, canta y canta otra vez. Nos encanta y seduce. Jugamos con la boca, besamos la copa y nos acaricia los labios, luego sentimos su caminar dulce y gallardo, suavemente nos vuelve a cantar. Su cuerpo emana calor y acariciamos su piel. Libera aromas íntimos y profundos. Lo saboreamos y sensualmente recordamos amores y amoríos, o tal vez en algún pecadillo de gula pasado o un paisaje amplio y diverso, o tal vez a una mujer alada. De nuestra mente brotan evocaciones mágicas y placenteras, de nuestra imaginación todas las diosas del Olimpo, todas las vírgenes oníricas, todas las todas. Con esta copa, el olvido no existe y el placer es mágico y eterno. ¡Salud!”

Pablo Morandé, enólogo precursor del valle de Casablanca, Chile.

“El vino produce una acción estimulante sobre el organismo humano. En el momento mismo de servirlo, y antes de llevarlo a los labios, su limpidez, los destellos de su color, y su perfume, mensajero de impresiones agradables, provocan por asociación de sensaciones y la representación mental del sabor, una secreción psíquica gastrointestinal que prepara el camino a la digestión, seguida de una secreción por vía refleja, debida al estímulo directo sobre la mucosa gastrointestinal, que hace apetecible los alimentos.

El vino es un estimulante psíquico de la actividad intelectual; vuelve el carácter vivaz, optimista, sociable, y produce alegría. Además es una bebida compleja, con un interesante aporte de efectos sobre el organismo humano; con destacables valores energéticos, proteicos y catalíticos, debido a su contenido vitamínico y enzimático.

El valor fisiológico del vino se concreta más que todo en una acción de excitación o estímulo; tiene acción sobre el sistema vago-simpático.

El vino, bebido en dosis moderadas, estimula y acelera el proceso digestivo, y favorece el funcionamiento de todos los órganos: respecto al hígado, la secreción de la bilis; al páncreas, la secreción de jugo pancreático; a los riñones, desempeña una acción diurética; a los pulmones, aumenta la ventilación pulmonar; y sobre el sistema cardiovascular tiene un positivo efecto de dilatación de los vasos, además de su acción profiláctica contra la arteriosclerosis.

Está por demás comprobado que su consumo cotidiano disminuye el tenor del depósito de colesterol del interior de las arterias.

Pocos aspectos de la medicina moderna han progresado tanto en el último medio siglo como el relacionado con las enfermedades cardiovasculares; sin embargo, el vino, una bebida natural, que ha estado a nuestra disposición por siglos, se ha constituido en la gran revelación en el terreno de la prevención.

El vino es un alimento particularmente rico en diversas clases de antioxidantes y puede tener un efecto positivo sobre el comportamiento y el bienestar.

La menor graduación alcohólica del vino con relación a los licores, y su tenor más bajo en alcoholes superiores, los que son más tóxicos que el alcohol etílico, explican también  la eficiencia del vino como antídoto del alcoholismo.

El vino es un remedio en sí mismo, alimenta la sangre de los seres humanos, deleita su estómago y hace menos graves las angustias y las preocupaciones.

En resumen, tenemos una serie de importantes aportes que contribuyen a mejorar, a través de la salud, la calidad de vida, integrante básico de la felicidad del hombre.

En la antigua Grecia, durante las festividades dionisíacas, dedicadas a Dionisos, dios del vino, fue donde nació una de las facetas más brillantes de la cultura universal: el Teatro. Gracias al vino.

Finalmente, el vino, a través de su larga historia, se adaptó a las necesidades, momentos y modas de la civilización, aportando siempre el poder disfrutar momentos de relax de la vida cotidiana. Sus más de 200 componentes fijos y volátiles determinan las cualidades organolépticas, principales responsables de ese cúmulo de sensaciones que lo hacen una bebida inigualable.”

Federico Delacasa, Director General de Martins